por la Dra Connie Osborne.
Las historias pueden ayudar a la gente a aprender más sobre el VIH/SIDA. Esta historia puede usarse como un ejercicio de capacitación con trabajadores de salud o personas que cuiden a otros. Contar la historia y cambiar los nombres a los que sean comunes en la región y luego repasarla de nuevo lentamente y hacer las preguntas para la discusión.
Cuando Nakala quedó embarazada por cuarta vez, tenía la esperanza de un varón, puesto que ya tenía tres chicas encantadoras. Fue a la clínica prenatal para el control regular, incluyendo un examen de sangre y para controlarse la presión sanguínea y el aumento de peso.
El nuevo bebé fue una chica, Ilinanga, que nació saludable y fuerte. Nakala amamantó a su bebé ya que sabía que este era el mejor alimento para ella. Sin embargo, durante el primer año, Ilinanga tuvo muchas enfermedades e infecciones y dejó de engordar a los nueve meses. Nakala estaba sorprendida y se procupó ya que esto no había pasado con sus otras niñas. Luego Ilinanga desarrolló una fuerte tos que no se curaba. La enfermera sugirió una prueba de VIH, la que Nakala y su marido aceptaron, aunque ellos estaban seguros que el bebé no tenía VIH. Esperaban que la enfermera buscaría con cuidado otras causas para la enfermedad de Ilinanga una vez que comprobara que la prueba era negativa.
Sin embargo, cuando se recibieron los resultados, Nakala y su marido, Samson, se choquearon. La prueba era positiva. Luego se hicieron las pruebas a Nakala y Samson y se encontró que ambos estaban contagiados con el virus de VIH. Nakala se preguntó ‘¿Cuándo me contagié yo?’ Ella y Samson nunca habían usado condones en su matrimonio. Nakala había sido una esposa fiel y nunca se había acostado con nadie más, pero ¿podía decir ella lo mismo de Samson? ¿Y cuándo contrajo Ilinanga el VIH? ¿Antes o durante el parto o durante la lactación?
Nakala se preocupó por la salud de toda la familia. Estaba preocupada de cómo decirles a las chicas sobre la enfermedad de Ilinanga. Ella y Samson estaban de acuerdo en no hacerles las pruebas a las tres chicas pero estaban preocupados de si podrían contagiarlas a través del contacto estrecho. Para muchas de sus preocupaciones parecía no haber respuestas fáciles. La enfermera podría sólo darles información sobre el contagio de VIH y qué apoyo había disponible localmente para ayudarlos. Nakala y Samson tenían que tomar sus propias decisiones e intentar mantenerse tan saludables como fuera posible – comer bien, hacer ejercicio regular y prevenir infecciones o tratarlas temprano. Su fe los ayudó a ‘poner a Dios primero’ y a aprender a confiar en él para el futuro.
La Dra Connie Osborne es consultora pediátrica en la University Teaching Hospital, Private Bag RW1X, Lusaka, Zambia. Este artículo se adaptó de un artículo que primero apareció en Child Health Dialogue/AIDS Action.