La Biblia nos dice que Dios creó a todos los hombres y mujeres con igual valor y que debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. La Declaración de Derechos Humanos de la ONU dice que todas las personas tienen iguales derechos, no importa cuál sea su género, raza, nacionalidad, religión, política, opiniones o condición social. Y sin embargo, cuando miramos nuestro mundo actual vemos tanta injusticia, discriminación, violencia y sufrimiento causados porque la gente no respeta los derechos de los demás.
Es fácil sentirse enfadado y triste por la injusticia en el mundo, pero es más difícil encontrar las soluciones prácticas para el problema. En este número miramos algunas de las maneras en que la gente está confrontando los problemas en sus comunidades y defendiendo sus derechos.
Las personas que sufren más son normalmente los pobres y marginados, los que no pueden tener acceso a los sistemas formales de justicia. Las relaciones de poder desiguales en la sociedad tienen por resultado que se niegue a menudo a las mujeres y niños por todo el mundo sus derechos humanos básicos a la igualdad y a que no se les haga daño.
Dios nos llama a todos a que alcemos la voz en favor de los derechos de los pobres y oprimidos. Espero que este número desafíe y anime a los lectores a que trabajen juntos para identificar y confrontar la injusticia.
Maggie Sandilands