Cuando miramos nuestro mundo, podemos percibir mucha necesidad de perdón y reconciliación. El conflicto no es solamente la guerra y la violencia. Todos nosotros enfrentamos regularmente cierto grado de conflicto en nuestras relaciones en el trabajo o en la casa.
El conflicto a veces puede ser positivo, como cuando luchamos contra la injusticia y defendemos nuestros derechos y los derechos de otros. Sin embargo, con más frecuencia el conflicto es destructivo. Mucho tiempo y dinero se pierde en lidiar con los resultados del conflicto, como la reconstrucción de viviendas e infraestructura y el tratamiento médico de las lesiones físicas. Sin embargo, las heridas psicológicas y las causas subyacentes del conflicto rara vez se enfrentan.
En Mateo 6:14 está claro que Dios nos pide que perdonemos a los demás, al igual que él nos ha perdonado. He encontrado este problema muy difícil, ya que pienso en situaciones de mi vida en que necesito tomar la iniciativa para perdonar a alguien o para pedir perdón.
El perdón no es una reacción natural cuando alguien nos ha herido. Es una opción que necesitamos tomar si queremos librarnos de la amargura y si queremos avanzar y salir del ciclo de violencia y de reproche.
El perdón es esencial para la reconciliación, pero la reconciliación va más allá de las palabras, se requiere acción, para restaurar la relación rota. Es un proceso en el que es indispensable la voluntad y el compromiso de ambas partes.
En este número examinamos diferentes aspectos del perdón y las ideas prácticas de cómo podemos apoyarnos y trabajar en el proceso de reconciliación.