Lesley Bilinda es una trabajadora de salud de la comunidad quien pasó varios años trabajando para Tearfund en Ruanda. Estaba de visita en Kenya cuando empezó el genocidio de 1994, pero su marido Charles, que era de Ruanda, un maestro de secundaria de inglés, fue uno de los muertos durante la violencia.
Diez años después, Lesley regresó a Ruanda para intentar averiguar la verdad de lo que pasó con su marido. Ella sentía la ‘culpa del sobreviviente’, deseaba haber estado con sus amigos y familiares cuando ocurrieron los problemas. También ha enfrentado una pugna interior constante entre el enojo por lo que pasó y el desafío de Dios de perdonar. ‘Pensé mucho sobre perdonar a los responsables de su asesinato. ¿Era posible perdonar a alguien sin saber quién era? Pero sentía que tenía que tratar de perdonar, aunque fuera sólo para ayudarme a mí misma. En el fondo yo estaba muy enfadada y amargada por lo que había pasado y me di cuenta de que, con el tiempo, si no me controlaba, podría destruirme. Como yo lo veo, el perdón personal no significa que una persona no enfrente un castigo justo por sus crímenes. La justicia todavía tiene que aplicarse y uno tiene que estar seguro de que se aplique. Pero a nivel individual, el perdón permite a ambas partes seguir adelante con sus vidas.’
Al final, no pudo averiguar con seguridad cómo murió su marido. Sin embargo encontró a una de las personas responsables por la muerte de su amigo íntimo Anatolie. Esta persona admitió sus acciones y Lesley lo perdonó. No es una decisión fácil, como dice Lesley, ‘A veces no me siento dispuesta a perdonar, pero es una decisión que he tomado, y sigo convencida de que fue la correcta. Esto no quiere decir que me haya olvidado de lo que ocurrió. Cuán fácil sería alimentar la amargura, pero escojo no hacerlo. Yo escojo perdonar, de nuevo y de nuevo y de nuevo. Mientras sea necesario, y mientras Dios me dé el valor para hacerlo.’
La historia de Lesley Bilinda se cuenta en su libro, With What Remains, (Hodder y Stoughton, 2006)